jueves, 24 de marzo de 2011

¿Cómo funciona Twitter? Explicado por una Experta

Vivir en Tampico: “¿Puedo contar mi primera balacera?”

Hugo Vargas PROCESO


Los grupos criminales tienen en jaque a Tampico. La inseguridad, las batallas callejeras, los robos, los secuestros y los levantones han hecho que la economía se desplome, que la gente busque otros horizontes, que los especialistas huyan y que los porteños vivan desquiciados por el miedo. Una niña de 10 años sobrevive a un tiroteo, un joven vive para contarla después de un levantón, un periodista explica por qué hay que callar... son instantáneas del colapso tampiqueño.



TAMPICO, TAMPS, 23 de marzo (Proceso).- Ante la cercanía de la Semana Santa, cuando la playa de Miramar se convierte en una cantina de cinco kilómetros y hay plena ocupación hotelera y derrama económica, las autoridades intentan adecentar el lugar. El ayuntamiento porteño prohíbe los vidrios polarizados y anuncia, con ese verbo en boga, que la Policía Federal “blindará” las fiestas de abril.

La alcaldía de Altamira decidió cerrar a las siete de la noche Playa Tesoro, un destino que ha intentado promover y donde espera recibir 70 mil visitantes.

Pero la crisis en el estado no amaina. A principios de este mes, las secretarías de la Defensa y de Marina tomaron el control de la vigilancia de los 19 puertos más importantes del país, incluidos Tampico y Altamira, mientras en Tamaulipas sigue la guerra entre los cárteles, con tiroteos y el estallido de un coche-bomba en las instalaciones de la Policía Estatal en Ciudad Victoria, que dejó dos heridos.

Tampico llegó a las primeras planas de los diarios del país en abril de 2010, cuando la vida literalmente se detuvo: cerraron los comercios, las calles estaban vacías y el transporte público, sin pasajeros. El cártel del Golfo publicó un desplegado en la prensa avisando del toque de queda:

“Este fin de semana respeten el toque de queda... No salgan. Tenemos orden de defender la plaza de todos los enemigos, nosotros no tenemos la culpa de donde se suciten (sic) las balaceras, somos parte de Tamaulipas. No se asusten, nada les va a pasar, todo es en contra de los zetas no contra la ciudadania (sic). En serio, no tengan miedo, solo (sic) respeten el toque de queda de este fin de semana y nadie saldrá herido, sigan su vida normal, los marinos no vienen por el cartel (sic), solo (sic) a correr a los zetas.”

En mayo del año pasado Tamaulipas ocuparía un lugar destacado en la información nacional con el asesinato del candidato panista a la alcaldía de Valle Hermoso, Mario Guajardo Varela; y en junio, con el de Rodolfo Torre Cantú, candidato priista a la gubernatura.

Ese mismo mes, Humberto Valdez Richard, secretario de Desarrollo Social, informaba que la pobreza había crecido en Altamira, Matamoros, Laredo y Reynosa. Y el 28 de julio, Luis Apperti, presidente de la Asociación de Industriales del Sur de Tamaulipas, advertía que las empresas alemanas, estadunidenses, italianas, coreanas e indias instaladas en Altamira analizaban “la posibilidad de cerrar por el clima de inseguridad”.

Óscar Pérez Inguanzo, alcalde saliente de Tampico, calculaba en 30% la pérdida de inversiones por la inseguridad y decía que hoteles, restaurantes e infraestructura turística habían sido los rubros más afectados.

La alcaldesa entrante, Magdalena Peraza Guerra, aceptaría que su administración nacía en “un periodo de crisis” y que era “un momento difícil para gobernar Tampico”. Tan difícil, que tres integrantes del cabildo (dos panistas y un priista) no asumieron sus puestos, pues abandonaron la entidad.



Afuera de la escuela



Es la hora de salida de las escuelas un día de octubre del año pasado. Laura, de 10 años, sube al vehículo que la llevará a su casa. Va con otros compañeros cuyas madres se turnan para recogerlos. Pasan 10 minutos de trayecto cuando se escuchan las detonaciones y las ráfagas. La señora al volante reacciona bien y ordena a los niños tirarse al fondo del auto. Laura obedece llena de pánico.

Las detonaciones siguen durante minutos que parecen interminables. Luego todo cesa. Al llegar a casa, con su familia sentada a la mesa, Laura dice a punto de soltar el llanto: “¿Puedo contar mi primera balacera?”.

“La maña”, “aquellos”, se dice aquí para referirse a las bandas que han puesto en jaque al puerto. Pero en voz baja, con el temor de que alguien pueda escuchar. Muchos tampiqueños parecen saber quiénes son los maleantes, pero a ninguno le pasa por la cabeza acudir a las autoridades.

Al parecer hay consenso en que la situación tamaulipeca empeoró con la división entre el cártel del Golfo y Los Zetas. Para muchos la escalada de violencia se inició en el último año de gobierno de Tomás Yarrington.

“Los Zetas se habían tardado en independizarse”, dice un periodista tampiqueño. “Al final se dieron cuenta de que eran un poder real en el cártel: manejaban el aparato armado, controlaban muchas de las rutas de trasiego de droga y Osiel había cometido el error de ponerlos al frente de algunas plazas”.

También pareciera mayoritaria la opinión según la cual el cártel del Golfo se dedica al narcotráfico mientras Los Zetas han ampliado la gama de negocios e incluyen el secuestro, la extorsión, la piratería... Aunque hay quienes piensan que el cártel también se dedica a los secuestros.

Como sea, todos esos giros delictivos han sido tan eficaces que, según datos del gobierno estatal, entre julio y septiembre de 2010 habían cerrado más de 3 mil negocios y al menos 200 empresarios habían salido de Tamaulipas.

Ante un aparente debilitamiento y fieles a su origen paramilitar, Los Zetas han recurrido a la leva en rancherías del estado. De todas formas habría un ejército de reserva considerable: según el Centro Nacional de Evaluación para la Educación Superior, en Tamaulipas hay 150 mil ninis.

La batalla entre grupos del narco se libra en todo el estado. En el sur por los puertos de Tampico y Altamira, y en el norte por las ciudades fronterizas, principalmente Nuevo Laredo, donde pasa 28% del comercio del Tratado de Libre Comercio: miles y miles de contenedores y tráileres diarios.

Pero lo que atemoriza a los tamaulipecos es que el enfrentamiento podría escalar, pues se habla de una ofensiva conjunta de la Marina, el Ejército, la Policía Federal e incluso el cártel del Golfo contra Los Zetas en todo el estado. Y Tampico sería un escenario privilegiado.

La vida ha cambiado para los porteños. Para la gente madura, por la preocupación por sus hijos; para los jóvenes, por el deterioro de la vida social; en ambos casos por el miedo a la muerte. El celular es un artículo de primera necesidad. Es el medio más rápido para avisar de alguna “fiesta”, como dicen aquí para referirse a los tiroteos.

Para los jóvenes la situación es de drama: cierre de antros, desaparición de espacios enteros –de las decenas de restaurantes, bares y cafés que había en la playa no queda ni uno, y andar por ahí en la noche es jugarse la vida–, inseguridad, temor y rigor de los padres con los horarios. “Mi hija y sus amigos se desesperan”, afirma un ama de casa. “Dicen que están perdiendo los mejores años de su vida”.

Para otros segmentos de la sociedad la cosa no es mejor. En el centro de la ciudad sobreviven algunos bares, con clientes de recursos medios y bajos. Son contados los lugares abiertos después de medianoche y algunos de ellos, dicen aquí, son propiedad de narcos. Los tables desaparecieron: las chicas se fueron en busca de mejores condiciones y las pocas que se quedaron atienden por teléfono.

La crisis es palpable en todos los ámbitos. La Secretaría de Salud y el IMSS aceptan que 102 médicos especialistas se fueron del estado. La cámara restaurantera informa que en Tampico cerca de 200 establecimientos cancelaron sus horarios nocturnos, con un descenso en las ventas de 40%.

Viajar por carretera, incluso en tramos cortos, puede costar la vida o el patrimonio. “La manera menos insegura de viajar es por autobús y de preferencia de día”, afirma una trabajadora social del IMSS que hace una rutina semanal entre Tampico y Ciudad Victoria. Da instrucciones para conducir por la ciudad: “No toques el claxon, no rebases. Los tampiqueños ahora somos muy educados al manejar”, dice con sorna.

Una de las primeras víctimas de una guerra es la verdad. Luego de los atentados contra algunos diarios en la frontera y de la reciente muerte de Carlos Alberto Guajardo, reportero del Expresso de Matamoros, en el fuego cruzado, los periódicos optan por no abordar el tema.

“Llegan hasta las redacciones de los diarios y ordenan qué debe publicarse. Y como sabemos que no hay que jugarle al héroe, pues obedecemos. ¿Qué otra nos queda? Son dueños de nuestras vidas”, asegura un periodista.



“No es él”



Una madrugada del mes pasado, Roberto despierta sobresaltado por los golpes en la puerta y el barullo en la casa. No alcanza a incorporarse cuando dos sujetos ya lo encañonan y a golpes e insultos lo sacan de su casa. Mientras lo suben a la camioneta piensa en su mujer y en su hijo de tres años. Sólo recuerda la hora, las 2:43, en el despertador eléctrico.

Es llevado a una casa de seguridad donde tienen a un sujeto atado de pies y manos. Lo plantan frente a él y le dicen: “A ver cabrón, ¿es este güey?”. El hombre atado, que ha sido golpeado con saña, fija su mirada en Roberto. Pasan unos instantes de silencio absoluto. Al fin dice: “No, no es él”. Alguien más se adelanta: “Es el tercer cabrón que te traemos. Te estás pasando…”. Y le dispara en la cabeza.

Roberto es devuelto a su casa. Lo confundieron con un contador de Los Zetas. Él y su familia están en terapia y buscan una oportunidad para salir del puerto.

Los saldos de 2010 son devastadores para la entidad. Crisis económica, desaparición del Estado, violencia, inseguridad y temor.

Tamaulipas está en una situación precaria, que pone en peligro su posición en la economía nacional. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), se ubica en el octavo lugar en la materia y tiene un ingreso per cápita de 93 mil 740 pesos.

Según ese organismo, sus fortalezas son una fuerte economía, la mayor densidad de tierras por trabajador, el segundo estado con menor riesgo de deuda y el tercero con mejor índice de apertura y efectividad recaudatoria. Su debilidad es una y muy fuerte: es la tercera entidad con mayor incidencia delictiva: 19 mil 677 delitos por cada 100 mil habitantes.

Cerca de 35 mil pequeñas y medianas empresas de nueve municipios tuvieron pérdidas por 3 mil millones de pesos a consecuencia de la inseguridad que ha deprimido el consumo y provocado un éxodo masivo. De acuerdo con el Inegi, las ventas de esos negocios se han desplomado 40%, lo que afectaría a las 22 mil personas empleadas en ellas.

Según los censos agropecuarios, en Tamaulipas hay 13 mil ranchos de los que, según el periódico Reforma, han sido abandonados unos 3 mil 500.

La Secretaría de Seguridad Pública y la procuraduría estatal aceptan un aumento de 20% en los robos y la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) asegura que el robo de autos en Tamaulipas aumentó 102%.

Otros dos balances son contundentes: la Secretaría de Turismo federal dice que la inversión en ese renglón disminuyó 77% en el estado, y José María Leal, rector de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, afirmaba a finales de 2010 que 2 mil 350 estudiantes extranjeros, en su mayoría de Estados Unidos y Canadá, han vuelto a sus países huyendo de la inseguridad.

De acuerdo con Gonzalo Baldit Araujo, subdirector municipal de Desarrollo Económico, el desempleo es de 6.7% en Tampico, por arriba de la media nacional, que es de 5.8%.



Atención psicológica



Todos estos meses de violencia y caos han tenido efecto sobre la salud mental de los tamaulipecos. Según Silvano Martínez Cano, jefe del Departamento de Salud Mental del estado, la inseguridad ha “desquiciado” a los tamaulipecos llenándolos de miedo, estrés y depresión.

La Secretaría de Salud estatal ha puesto a disposición del público el servicio de 160 psicólogos que atenderán casos de emergencia. “Aquí no nos hemos enterado de tal medida”, dice una funcionaria del hospital psiquiátrico de Tampico.

Los tamaulipecos parecen no engañarse con el futuro inmediato. Aunque el relevo de Egidio Torres Cantú –hermano del candidato asesinado– ocurrió sin contratiempos, es visto por la mayoría con los atributos apenas necesarios para enfrentar la crisis. Algunos lo señalan como uno de los grandes beneficiarios del régimen de Eugenio Hernández Torres. Circula con al menos 140 escoltas.

El sondeo del grupo Expresso-La Razón, Evaluación social y gubernamental es revelador: la mayoría (54%) cree que el nuevo será un gobierno mediocre; 21%, que será incapaz, y 24%, que será bueno. Respecto de la capacidad del gobernador, un poco más de la mitad ve aptitudes regulares en Egidio Torres, 20% no le ve ninguna y 25.5% cree que sí es capaz de enfrentar la situación.

A la pregunta de si veían una solución a la violencia y la inseguridad, 67% cree que el problema se resolverá, pero que falta mucho tiempo; 12.5%, que se resolverá pronto, y 20%, que no se resolverá jamás.

La vida es tenaz. “Procuro seguir con mis cosas: salgo con los amigos, voy al cine, corro en la playa”, dice un deportista porteño. “No quiero decir que no esté temeroso. Tomo mis precauciones”.

Es sábado y la playa está concurrida. En algún lugar cerca del hotel Maeva algunos trabajadores empiezan a descargar sillas y mesas. Las ordenan con pausa y al cabo de un rato han instalado una veintena, con manteles azules y blancos, ondeando al viento, con juegos de copas y vasos. Al atardecer llegan los invitados y los novios.

Luego de la ceremonia civil, después de que la juez los declara marido y mujer, los recién casados van al mar, se mojan los pies y conversan. Vuelven sonrientes hacia la gente. La fiesta, que en otras condiciones hubiese seguido con una lunada, acaba antes del anochecer.

martes, 15 de febrero de 2011

Mante: la huella del crimen

Lunes 14 de febrero de 2011
Carlos Sánchez M. | El Universal


La patrulla número 14 de la Policía Municipal cruza sin prisa la calle Juárez, a dos cuadras de la sede del Ayuntamiento. Sus ocupantes visten pantalón de mezclilla, chaleco antibalas, pasamontañas y, por las ventanillas, los cañones de sus armas largas se asoman al cielo.

Cualquiera pensaría que las autoridades del municipio de Ciudad Mante, en el sur de Tamaulipas, se preocupan por cuidar de la ciudadanía. Pero en realidad la ciudadanía se preocupa porque sabe que esa unidad no va tripulada por policías, sino por miembros de la delincuencia organizada, específicamente del cártel de Los Zetas.

"Los policías van uniformados de azul, sin capuchas y sin armas largas. Solamente usan pistola", explica un residente que como todos solicita el anonimato a cambio de platicar lo que sucede a diario en la región cañera de Tamaulipas. Confirmar la versión del entrevistado toma unos minutos.

Otra patrulla cruza la calle -ésta también es una Ram Dakota de reciente modelo, doble cabina- y queda comprobado que la facha de los verdaderos policías es muy distinta a la de los portadores de los rifles "cuerno de chivo" y R-15. La gente sabe quién tiene el control de la ciudad y accede a hablar pero en privado, en anonimato, con una cautela que raya en lo paranoico.

Es preciso disfrazarse de "civil", no parecer periodista, para que se animen a contar sus historias, porque en este lugar cualquiera puede ser un "oreja" al servicio de los delincuentes.

Las historias luchan por fluir; al principio el miedo las detiene, pero luego el hartazgo y la confianza en el interlocutor -algo que se gana a pulso, frase por frase- terminan por darles paso libre, pero con cautela: no se menciona la palabra "zeta" sino que se alude a "la gente de la última letra" y tampoco se habla del Cártel del Golfo (CDG), sino de las "Comadres de Gloria".

Si no fuera una trágica realidad, la situación en El Mante sería una trama del absurdo.

Una muestra es lo que vivió don Gregorio, un jubilado que se dedica al comercio. "Aquí ya todo está muy descompuesto. El colmo del cinismo fue cuando unos muchachitos encapuchados empezaron a regalar 200 pesos y volantes en el mercado municipal".

Los volantes a los que alude el sexagenario vendedor se repartieron entre los transeúntes a mediados de 2010. Al menos una docena de oferentes recibió un billete junto con la hoja impresa donde se informaba que "Los Zetas" no desean perjudicar a la población, pues su guerra es contra el Cártel del Golfo.

Ésta es la forma como se vive en los municipios de Mante, González, Ocampo y Xicoténcatl, además de poblados como El Limón y Magiscatzin, distantes apenas una hora de Ciudad Victoria, la capital tamaulipeca. La zona que se encuentra en disputa es señalada como la última trinchera de Los Zetas en el sur de Tamaulipas, por lo que la defienden con todos sus recursos de los embates de las Fuerzas Armadas y de las bandas rivales.
La batalla de marzo

El lunes 22 de marzo de 2010 se volvió memorable. Quienes transitaron por la salida de Mante a Ciudad Victoria se encontraron con una sorpresa.

Mientras el sol se abría paso por la bruma de las 6:00 horas, el bulevar Lázaro Cárdenas mostró una cara hasta entonces desconocida para los casi 100 mil habitantes del lugar: una ristra de camionetas de reciente modelo chocadas, incendiadas y baleadas se extendía a ambos lados del camellón.

El muestrario de vehículos se dispersaba varios kilómetros, los últimos llegaron hasta la entrada al poblado El Limón, de acuerdo con testimonios de residentes y choferes de los autobuses Mante-Xicoténcatl que diariamente realizan ese recorrido.

Las versiones varían en los detalles pero coinciden en que las persecuciones y los balazos ocurrieron a lo largo de una hora por todo el bulevar. El día siguiente la evidencia fue al menos medio centenar de camionetas abandonadas. Antes de mediodía las empezaron a saquear de manera discreta.

Algunas unidades lucían una "X" o las siglas "CDG" en los cristales para identificarse con uno de los bandos; las otras, en su mayoría de color blanco, ostentaban una "Z" roja. Cuando salió el sol ya no había cuerpos, sólo se apreciaban algunas manchas de sangre en tapicerías y banquetas.

Una semana más tarde, en la vecina población de González, durante la madrugada se registró un tiroteo que duró por lo menos hora y media. Testigos aseguran que los casquillos percutidos se contaban por docenas en la plaza del pequeño municipio rural.

La población de Mante es estratégica, pues colinda con zonas serranas y está llena de brechas y caminos rurales conectadas con Tampico, Ciudad Valles, Veracruz, Ciudad Victoria y Monterrey. La guerra por tomar el control de la plaza había comenzado.

Nunca hubo un versión oficial de los tiroteos y en la prensa apareció una pequeña nota de siete párrafos sobre la refriega. Acerca de los hechos en González, ningún medio lo consignó.

Fueron los ciudadanos quienes subieron videos y fotografías a internet, mostrando las paredes de casas y negocios tapizadas de agujeros, árboles y arbotantes derribados, casquillos percutidos, municiones de grueso calibre y vehículos baleados y chocados. Y lo mismo sucede con ejecuciones, con balaceras y "levantones". Es más fácil enterarse en los videos de Youtube o los blogs Del Narco o Del Terror que en los medios formales.

La racha violenta tiene a los pobladores sumidos en una mezcla de miedo e impotencia que permea la vida diaria y convierte las conversaciones en murmullos. Las actividades sociales se han modificado: los vehículos de reciente modelo están ocultos en las cocheras, bajo sábanas que acumulan polvo, pues en los últimos tres meses por lo menos una treintena de conductores son ahora peatones obligados por el despojo.

Las reuniones eran a la hora de la cena y ahora, desde las 21:00 horas, las calles del centro que antes bullían de gente, lucen desiertas. Los centros nocturnos son pocos: el Tequila's, Bahamas y Manhattan tienen poca clientela. Solamente La Vecindad, el Deep y el West Point siguen recibiendo una aceptable afluencia y más de un cliente explica que se debe a que lo protegen los delincuentes.

En las salas de MM Cinemas se modificaron los horarios porque la gente dejó de acudir a las funciones nocturnas debido al creciente número de "levantones" y asaltos. Uno de estos casos es el de un joven de nombre Miguel, quien vendía aparatos Nextel y una tarde de septiembre, al salir de su empleo, fue subido a una camioneta oscura.

Desde entonces sus familiares tratan de contactarlo pero nadie contesta su radio y no se ha recibido ninguna petición de rescate; las autoridades no saben nada. En su perfil de Facebook uno de sus amigos escribió resignado: "Ni P2 vato, ay te alkanzamos".

Frente a ese lugar y junto al banco HSBC, a finales de marzo amanecieron los cadáveres de dos agentes ministeriales -uno recién llegado de Ciudad Victoria- con un mensaje donde se advertía que fueron ejecutados por apoyar a uno de los grupos delictivos.

Otro de los momentos aciagos que no olvidan quienes cotidianamente transitan por la plaza comercial es la ejecución de tres hombres. Un comensal de un negocio de migadas (un antojito de la región) recuerda que apenas había dado un sorbo a su café cuando vio una camioneta blanca detenerse a pocos metros del comedor, frente al estacionamiento de la tienda Soriana, que estaba vacío por ser apenas las 7:00 horas de una mañana de abril.

"Se bajaron dos hombres y traían a tres personas amarradas de las manos con cinta y con los ojos tapados. Los hincaron en la banqueta, en la mera entrada al estacionamiento, y les dieron un balazo en la cabeza a cada uno. Tres balazos que se oyeron muy fuertes.

"Luego los dos vatos se subieron (al vehículo) y se fueron. La "Güera" (propietaria del negocio) se espantó mucho y nos dijo que nos fuéramos para cerrar. Todos nos fuimos y ahí se quedaron los cuerpos. Al otro día buscamos en el periódico pero no salió nada".

¿Y cómo puede salir algo si los dos modestos periódicos con que cuenta la ciudad se encuentran bajo la amenaza directa de los delincuentes? Una prueba de ello es la bomba molotov que a finales de julio fue lanzada en la entrada del matutino El Tiempo, causando severos daños materiales.

Como sus colegas del resto del país donde el narco impone sus reglas, los periodistas conviven cotidianamente con el peligro y no están dispuestos a arriesgar sus vidas registrando una guerra que a veces ni las mismas autoridades quieren ver.

Altar de muertos

Ocho cuerpos decapitados amanecieron el 31 de octubre al pie del monumento a Benito Juárez, en la caja de una camioneta blanca. Las víctimas eran cuatro mujeres y cuatro hombres todos menores de 25 años, entre ellos el hijo de una trabajadora del sector Salud.

Sus asesinos, presuntamente del Cártel del Golfo, informaron en una manta que las víctimas eran "halcones" (vigilantes) de Los Zetas. Apilaron los cuerpos desnudos al fondo de la pick up y al frente colocaron las ocho cabezas, algunas de ellas con los ojos vendados. Fue una macabra celebración de la Noche de Brujas.

El hecho no fue consignado por reporteros ni autoridades, pero en videos de Youtube bajo el título "Ciudad Mante, no pasa nada" muestran los estragos de esta lucha que no se ventila.

La primera semana de noviembre, en el mismo lugar donde se encontraron los decapitados, amaneció una caja con otras nueve cabezas, que a las pocas horas fueron recogidas por elementos de la Policía Ministerial. Los cuerpos, hasta finales de enero de 2011, no habían sido localizados.

Una de los objetivos de esta sangrienta guerra es la percepción de la ciudadanía. Por ello, a mediados de 2010 media docena de jóvenes encapuchados se apostó alrededor del mercado municipal para repartir billetes de 200 pesos y volantes, donde informaron que pertenecían a Los Zetas y no deseban perjudicar a la población.

Incluso proporcionaron un número telefónico para atender quejas en caso de sufrir extorsiones en nombre de dicho grupo delictivo porque, insistían, ellos estaban en contra de afectar a la ciudadanía. En la avenida Rotarios, cerca del Cementerio Uno, también entregaron las hojas, aunque éstas sin los 200 pesos.

Otra forma de comunicarse con la población ha sido a través de mantas. La más reciente se colocó a finales de agosto en la calle Hidalgo, frente a una tienda Elektra, y en ella se advertía a la gente que no saliera en la noche del fin de semana porque "habrá baile". Es decir, cacería de sicarios del grupo rival.

Los oferentes del mercado rodante que se instala los sábados en la Plaza 5 de Mayo recuerdan muy bien una especie de desfile que los ocupantes de cinco camionetas pick up organizaron. Iban repartiendo volantes "y hasta lanzando besos, porque había unos que estaban guapos", recuerda la hija de uno de los vendedores, quienes son obligados a pagar entre 500 y 3 mil pesos de cuota semanal para trabajar.

El capo y sus vigilantes

Luis Arturo tiene 34 años y lo conocen como "El Güero AFI", pues mientras estudiaba leyes hizo prácticas profesionales en la Agencia Federal de Investigaciones, la extinta AFI. Quienes fueron sus compañeros de escuela en el Instituto Mantense de Estudios Profesionales (IMEP) recuerdan que desde joven le gustaba llamar la atención; manejaba su camioneta Ram guinda con la música a todo volumen.

Actualmente, comerciantes y tianguistas lo acusan de ordenar el cobro de cuotas para dejarlos trabajar, en complicidad con agentes ministeriales y de la policía municipal.
Alto, de cabello castaño y complexión atlética, también lo llaman "El maestro" o "El licenciado", subió al poder luego de que su antecesor, conocido como "El Cubano", desapareció en 2007 a los hermanos Alberto y Ramón Garrido Salazar, el primero candidato del Partido Acción Nacional a la presidencia municipal de Ciudad Mante. Lo hizo sin consentimiento de sus superiores y fue ejecutado por "calentar" innecesariamente la plaza.

En mayo de 2009 fue detenido Rigoberto Rodríguez Rangel o Nelson Garza Lozano "El Luchador", quien era el responsable de la región para el Cártel del Golfo (en julio del mismo año le fue dictado el auto de formal prisión por el juez Segundo de Distrito, con sede en Ciudad Victoria).

Fue cuando el poder de "El Güero AFI" creció, al grado de que se le atribuye la ejecución del ex candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú, asesinado el 28 de junio de 2010 en Ciudad Victoria.

Le atribuyen diversas propiedades como bares, ferreterías, depósitos y el negocio de compra-venta de casas a través de sus familiares. Actualmente se encuentra prófugo pues sus rivales han intentado asesinarlo y las autoridades catearon una de sus casas, ubicada en la calle Guadalupe Victoria, sin éxito alguno.

Por ello, la vigilancia es crucial en Ciudad Mante y las bandas de delincuentes tienen ojos y oídos repartidos por todos lados. Ésa es la función de las parvadas de jóvenes en motonetas que fungen como "halcones"; es decir, los encargados de reportar cualquier movimiento sospechoso de civiles o de autoridades. Son apoyados por taxistas que también deben pagar una cuota para trabajar.

La presencia de soldados y marinos es esporádica. A mediados de 2010 un grupo de militares estuvo acuartelado en los terrenos de la Feria del Azúcar, al lado de la secundaria Uno, pero en octubre se retiró.

Actualmente, los patrullajes de los uniformados son aleatorios y han originado balaceras a causa de "topetones", como se le conocen a los encuentros fortuitos con los delincuentes.
Lo que nadie ha podido evitar son los retenes para despojar a la gente de sus pertenencias.

El más reciente se colocó en la calle Hidalgo, a 50 metros del palacio Municipal, la noche del 24 de diciembre. Hombres con armas largas paraban los autos, pedían identificaciones y robaron dinero y objetos a la gente. Ante el temor de que se repitiera la "pesca milagrosa" de la Nochebuena, las calles quedaron desiertas en la víspera del año nuevo.

Otro modo de conseguir recursos es deteniendo a automovilistas y autobuses que ingresan a la ciudad. Un padre de familia que regresaba con sus hijos de McAllen, Texas, fue despojado de su camioneta, los regalos para Navidad, la cartera y los teléfonos.

Magnánimos, los delincuentes detuvieron un autobús para pedirle al conductor que llevara a los asaltados hasta El Mante, pero antes aprovecharon para exigir 500 pesos a cada pasajero, una práctica que también se ha vuelto común.

El éxodo

Cesáreo tiene 46 años y toda su vida transcurrió en Ciudad Mante. Era de los niños que correteaban las "despeinadas" -como se conoce a los camiones que transportan caña- para robarle una de esas varas de pulpa jugosa. Estudió en la escuela "Manuel Ávila Camacho" y en la Preparatoria Mante; los veranos iba a nadar a El Nacimiento y los domingos jugaba futbol en las canchas del IMSS. Su esposa es mantense y sus dos hijos también, pero en agosto decidió abandonar todo.

Una llamada pidiéndole dinero lo hizo cerrar su refaccionaria y trasladarse con toda la familia al estado de San Luis Potosí. Ahora sólo regresa a ver si encuentra quién rente su casa y a saludar a los viejos amigos.

"Te quitan la tranquilidad. Hoy me extorsionan y ponle que pago lo que me piden, porque la "refa" dejaba más o menos dinero pero ¿quién me asegura que no le pase algo a mis hijos o a mi esposa? Nadie, por eso prefiero empezar de cero en otro lugar", cuenta en la relativa seguridad del que fue su hogar pero, por si acaso, habla en voz baja.

Aunque no hay estadísticas, el creciente número de viviendas y negocios que se ofrecen en venta o renta habla por sí solo.

La mala racha no perdona giros. El Motel Los Pinitos, en la salida a Tampico, fue abandonado por las parejas de enamorados, pues se encuentra rodeado de brechas y aseguran que es común ver por los alrededores convoyes de camionetas con sujetos armados.

En general, los negocios cierran sus puertas más temprano y si en las residenciales los letreros de "se vende" y "se renta" se multiplican, por las céntricas calles Hidalgo, Morelos y Guerrero pasa igual con los comercios.

La migración se ha vuelto una constante para quienes tienen forma de alejarse, que son los menos. La mayoría, sin recursos para escapar, trata de adaptarse y sobrevivir.

En Ciudad Mante hay dos gremios que han sido particularmente combativos y organizados: médicos y profesores. Actualmente, ambos sufren los estragos de la guerra entre cárteles.

Una mañana de marzo, poco antes de las 8:00 horas -cuando el personal realiza su cambio de turno- dos enfermeras y un doctor del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) fueron subidos a un par de vehículos que se alejaron con rumbo desconocido.

Nadie hizo nada ante las armas largas de los delincuentes, pero al menos en esta ocasión hubo un desenlace menos trágico, pues a los dos días los tres trabajadores fueron liberados. Ninguno interpuso denuncia.

El ingeniero García, un jubilado también del IMSS, llevó a su esposa al poblado de Quintero durante la primera semana de octubre. Cuando volvía a bordo de su auto desapareció y lo encontraron a los 10 días, ahogado en el canal frente a la Radiodifusora.

Guillermo Elizaliturri es un profesor de larga trayectoria en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, especialmente en la Preparatoria Mante. Varias generaciones pasaron bajo su estricta forma de enseñanza. Era respetado al igual que su esposa, cuyo negocio de invitaciones y vestidos de novia iba viento en popa.

Pero en estos tiempos, tener un negocio exitoso es un riesgo muy grande y el matrimonio decidió emigrar a Veracruz. Y así como ellos, son incontables las familias que han salido de la entidad buscando lugares más tranquilos para vivir.

Antonio L. vivía en Ciudad Victoria y a finales de 2009 decidió mudarse a Ciudad Mante. Comenzó a construir poco a poco una casa de dos plantas en la colonia Moderna cuando recibió la visita de una persona que dijo ir de parte de "los que mandan en el pueblo" y le pidió 100 mil pesos como cuota.

El profesor optó por quedarse en la capital para evitar la extorsión. Actualmente su casa, en obra negra, sigue abandonada.

Otro colega suyo, Efraín N., fue despojado de su camioneta cuando volvía de Tampico y le quitaron todo, hasta los pantalones. Lo dejaron en ropa interior a la entrada de la ciudad.
Similar suerte tuvo Paty, una inspectora escolar a quien se llevaron con todo y camioneta.

La liberaron kilómetros más adelante, en el ejido Faja de Oro, pero sin dinero ni teléfono, por lo cual tuvo que caminar hasta su casa porque nadie se animó a llevarla.

"Aquí no pasa nada"

Los residentes de la región cañera recuerdan muy bien la respuesta del ex gobernador, Eugenio Hernández Flores, cuando los periodistas lo cuestionaron sobre el clima de inseguridad en la entidad.

"No hay nada", dijo el 25 de febrero a la prensa local el ahora ex mandatario, y agregó: "Gran parte de la psicosis ha sido generada por rumores infundados. Quiero hacer un llamado a la población para que no se haga caso de rumores ni de información divulgada por las redes sociales de Internet, porque han hecho mucho daño en Tamaulipas", manifestó Hernández Flores.

En marzo, una mujer que tomó su cámara de video, recorrió Ciudad Mier, municipio en la frontera norte de la entidad, y mostró el paisaje sobre la carretera ribereña: el poblado parecía zona de guerra, con cadáveres en el piso, vehículos destrozados por balas y granadas, una alfombra de casquillos, armas de grueso calibre, fachadas destrozadas. Una grabación de seis minutos que le dio la vuelta al mundo.

"Aquí no estamos muy lejos de lo que pasó en Mier, nada más que nadie se ha animado a grabar y la televisión ni de chiste se acerca. ¿Cómo estarían las cosas del año pasado, que todavía hay varias camionetas de la balacera que quedaron abandonadas en la salida a Tampico?", cuestiona Héctor, un joven médico que busca con ahínco trabajo en otra entidad.

Ahora los asaltos, secuestros, extorsiones, levantones, balaceras, desapariciones y ejecuciones se volvieron moneda de uso común en el sur de Tamaulipas... y, como dijo el ex gobernador, no pasa nada.

sábado, 12 de febrero de 2011

propuesta para el tag de #Reynosafollow

Hay una propuesta buena por parte de nuestro amigo @PateandoPiedras para filtrar y lidiar con los ataques que se han venido suscitando de manera sistemática con la finalidad de reventar el tag a todas luces.
Crear una página, reynosafollow.mx por ejemplo, se le instala wordpress y un plug especial. Sólo los que administren o sean invitados a esa página, desde sus blackberrys, email o navegador podrán usar el #Reynosafollow, pero con el sello "via ReynosaFollow" que aparece...




status

Es como crear un twitter exclusivo la ventaja es que en esa página quedarán sólo los tweets autorizados, y si suben fotos quedarán protegidas, es como un filtro, solo hay que comprar el dominio y el hosting (de preferencia en el extranjero)
Los tweets seguirán apareciendo en la búsqueda de twitter.
Nuestro amigo se compromete a ayudarnos paso a paso para la creacion de mismo
Así que los invito a participar en la propuesta poniendo sus comentarios, saludos!